¿Quién dicta realmente las normas?

Cuando se conoció la historia de las SwissLeaks, muchos políticos de los países ricos reaccionaron citando un nuevo sistema de intercambio transfronterizo en preparación que haría todo menos consolidar la muerte del secreto bancario. Esta ‘cura’, desarrollada por el G20 y la OCDE, habilitaría a los países participantes para comerciar la información financiera entre ellos a intervalos previstos. Hemos escuchado varias veces que “el secreto bancario se acabó” gracias al nuevo estándar de información común (CRS, por su sigla en inglés). Incluso se ha alabado a Suiza por mostrarse inusualmente colaboradora en el proceso.

Sin embargo, hay una clara advertencia que no se ha discutido en absoluto: debido a la cantidad de exigencias del CRS, muchos países de ingreso bajo no podrán participar cuando se lance el sistema y no parece probable que puedan sumarse pronto a él. 

Cuando la OCDE y el G20 comenzaron con el diseño del sistema, hicieron muy pocas consultas significativas a los países de bajo ingreso. El resultado fue un sistema diseñado por países ricos, pensando en países ricos, que incluye muchos requisitos previos imposibles para países que no tienen presupuestos cuantiosos para la administración fiscal ni capacidad técnica avanzada. 

La observación del dinero de las SwissLeaks como porcentaje del PIB muestra cuántos más países de ingreso bajo y medio hay en juego, en comparación con sus contrapartes de ingreso alto, lo que vuelve absolutamente imperiosa su inclusión en cualquier sistema. Estados Unidos, Francia y Reino Unido están legítimamente preocupados sobre el dinero que sale por sus fronteras hacia jurisdicciones secretas sin ser detectado, pero el dinero que sale de países como Malí, Pakistán o Sierra Leona deben ser considerado incluso con más urgencia. 

Entonces, ¿por qué se dejará fuera a los países de bajo ingreso?

Quizás una de los principales frenos para incluir a los países de ingreso bajo sea la “norma de reciprocidad”, que establece que se debe compartir información para recibirla. En otras palabras, para obtener información sobre los ciudadanos que ocultan información en el extranjero, un país debe poder compartir información similar sobre su propio sistema financiero al mismo tiempo. Digamos, por ejemplo, que el gobierno de Malí desea saber sobre el dinero que sus ciudadanos están potencialmente escondiendo en bancos del Reino Unido para evadir impuestos. El gobierno tendría que compilar también información sobre ciudadanos británicos que hagan lo mismo en bancos de Malí. En teoría, este intercambio mutuo es lógico, sin embargo, una cantidad de países en desarrollo simplemente no poseen la capacidad ni los sistemas técnicos para cumplir con su parte de las exigencias desde el inicio. 

Esta es la razón por la que pensamos que es solo un tema de sensibilidad para con los países en desarrollo que no puedan cumplir la exigencia darles un lapso de tiempo de no reciprocidad, en el que puedan recibir información sin tener que enviar la suya. Esto dará a los gobiernos el tiempo necesario para desarrollar la capacidad para compartir su propia información.